domingo, 13 de septiembre de 2009


Canis se armó de valor y le dijo:
“Las estrellas estamos diseñadas para iluminar y alegrar el cielo durante la noche. Cuando parece que todo está obscuro nosotras compartimos luz. Si miras cuidadosamente te darás cuenta de que cada estrella puede dar un brillo único y especial, todas tenemos diferente tamaño, algunas parece que tienen una luz más intensa, algunas, cuando las ven desde la tierra pareciera que prenden y apagan sin cesar, otras parece que siempre están prendidas. Aprende a disfrutar tu brillo, no te sientas incómoda con él, compártelo y sobre todo nunca te compares con las demás”.

La pequeña y afanada estrella escuchó con atención, pero pareció no importarle y lo olvidó ya que dentro de sí se esforzaba más y más, ¡todo su ser se enfocaba en brillar, brillar, brillar!. Pensaba, hacía sus estrategias, planeaba una y otra vez y se decía: “Esta noche es mi noche”. Tristemente y sin darse cuenta, sus deseos por brillar se convirtieron más bien en un deseo de opacar a las demás estrellas, ya no le importaba brillar para bendecir a otros con su luz, sino que todos quedaran encandilados por su belleza y su esplendor.

Y llegó el momento que toda la galaxia temía:

La pequeña estrella tenía su “plan perfecto”, concentró toda su energía y recursos en esa noche, “¡esta será mi noche!” decía para sus adentros, efectivamente esa fue su noche, su última noche… Sí! brilló mucho esa noche, fue un espectáculo maravilloso (visto desde la tierra), pero sólo por un momento.


Esa pequeña estrella que tenía la capacidad y diseño para ser una estrella fija, se convirtió….en una estrella fugaz.

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